Respiró profundo con el objetivo de recobrar la compostura, luego abrió la boca y la cerró. En su interior, sentía sentimientos contrariados. Ariadna se puso su camisón y, acto seguido, le exigió una respuesta.
―Ya hablamos sobre eso ―le espetó él finalmente―. Acordamos una fecha y repetir las cosas que ya se dijeron me da flojera.
―Yo quiero irme. No quiero estar aquí ―Ariadna alzó su rostro al techo, agotada del tumulto en el que se había convertido su vida.
―Tenemos un trato.
―Pues rómpelo y