En la mañana Nathan miraba los movimientos coordinados de Ariadna en la cocina, como si ya hubiera memorizado cada cosa.
Ella, al notar la concentración con la que la observaba, se puso nerviosa.
—¿Qué? —le dijo con una sonrisa tímida.
—Me encanta que te muerdas el labio cuando te concentras en algo. —Nathan permaneció con los brazos apoyados en la barra, el rostro escondido entre sus manos mientras la miraba.
Las mejillas de ella ardieron. Desvió la vista apenada. Las tareas que realiza