Una sensación de culpa lo llevó a apartar a Tania con más fuerza de la necesaria. Con prisa giró la llave en la cerradura. Ella se quedó pasmada.
—Nos vemos luego —le dijo, se limpió la mancha de labial de los labios y entró al edificio a toda prisa. No se quedó a observar la expresión de la mujer. Era fácil suponer que esa acción la enfurecería.
Dentro de su sala, en uno de los sillones, con platos desechables usados y restos de comida rápida en bolsas negras, Nathan esperó a que su corazón se