Los ojos de Nathan contemplaban las tupidas pestañas y la boca entreabierta de su primogénito durante el camino a casa.
No podría existir algo más bello ni sentimientos más puros que los que le profesaba.
Miró a su padre de soslayo, y una torrente de emociones lo hicieron arrepentirse de lo cruel que había sido al juzgarlo en el pasado.
Ese hombre canoso, que conducía con extrema atención, lo perdió todo por sacarlo de la cárcel. Nathan era consciente que fue el causante principal de muchas de