La declaración de la niña le partió el alma. Era tan dulce, tan pequeña… ¿cómo alguien no podría quererla?
—Kiara, mi amor… —estaba tan conmovida—. No tienes ni idea del honor que sería para mí eso.
La niña lloró en su pecho. Su cuerpecito agitándose completamente indefenso.
—No llores, mi amor. Basta de lágrimas —le acarició el cabello, deleitándose con la suavidad del mismo—. Las niñas tan hermosas como tú, solo merecen sonreír mucho, ¿entendido?
Ella se separó y asintió con su labio inferio