—¡Selene! ¡Selene! —su madre llamaba mientras caminaba con paso firme hacia la salida. A lo lejos podía ver como Alejandro abordaba una camioneta con hombres armados—. ¡Selene!
—Ahora no, mamá —dijo, siguiendo hacia su auto. No sabía a dónde iría, pero necesitaba hacer algo. Lo que sea.
—¿Qué está pasando? ¿Qué hace aquí toda esta gente? —la tomó del brazo, impidiendo que se subiera al vehículo.
Miró con frustración como la policía hacía lo mismo. Todos se apresuraban a marcharse porque había u