Su mamá le había dicho que no corriera, que, de lo contrario, su vestido se ensuciaría. Pero ella no sabía estar sentada como una muñeca. No era su hermana, no era ninguna de esas niñas que solo se dedicaban a arreglarse los lazos que llevaban en los cabellos.
Afortunadamente o desafortunadamente, había terminado siendo una mezcla perfecta de sus padres. Tenía la cara de su madre, pero la rebeldía de su padre. O eso decían, siempre que hacía una travesura y ninguno de los dos parecía saber qué