—Entonces, ¿qué fue exactamente lo que le dijiste a tu familia sobre mí? —preguntó Corleone.
Caterine apretó los labios. Había esperado que él se olvidara de eso.
—Nada que no fuera cierto —respondió al fin—. Ya sabes, que eres un gruñón que ladra órdenes la mayor parte del tiempo y que carece de sentido de humor —dijo atropellándose con sus propias palabras.
—¿Así que es eso lo que piensas de mí?
—Sí. ¡No! Lo hacía antes. Ahora sé que tienes sentido de humor.
Corleone soltó una carcajada.
—Prob