Nuestra casa

Decir “casa” se quedaba muy corto a la gran mansión que tenía enfrente. Contaba veinticuatro ventanas y una gran puerta de madera que seguro medía tres metros.

Lorenzo estacionó su auto, se bajó y me ayudó a mi, no sé si el frío de la noche o el lugar que estaba delante de mí me helaba el alma.

-¿Vives aquí?- pregunté

-Así es, es mi casa, ahora tu casa.- respondió sosteniendo mi mano, Lorenzo me llevó dentro donde una mujer de avanzada edad nos esperaba.-

El recibidor era digno de un
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