Su corazón le pertenece.
En la consistencia del sueño, se dejó hundir con la placidez cálida del abrazo de su demonio. Lo sentía suyo aunque valorara las 2 vidas que llevaba dentro de ella, mas que el sentimiento naciente en su ser. Inevitablemente su corazón le pertenecía.
Lo apretó, duro...el silencio los desvaneció.
La brisa con el revuelo de una bandada de cuervos, la estremeció con apuro. Dejaba de sentir el contacto de Kairon.
—«¡Grrr!».—Empezo a recibir los destello del amanecer con pereza. La silueta imponent