El sello.
Esa bruja lo tenía loco. Cerro los ojos. Su coño lo hacía alucinar cada vez que entraba y salía de él.
—Dame más duro, papi.—La muy perversa, pedía verga como una desquiciada. Empujaba su trasero para motivarlo a darle con más fuerza. —¡Ay, más león!. Aún eres muy suave.
Sol llevaba bien su nombre, lo estaba frustrando. Paso de ser una virgen perversa a una bruja insaciable. Su nombre le iba a juego. Caliente.
Abrió los ojos para contemplarla, ambos sudaban. Salió de ella para cambiar de