Domar...

En verdad la condenada estaba bastante cerrada. Volvió a intentar entrar su punta frondosa con más fuerza.

En la siguiente puesta, empujó con tanta violencia que pudo percibir el desgarro. Este a la vez lastimó su punta frondosa.

—¡Joder, coño!. —Retiró la parte de su miembro que había atravesado la vagina estrecha de la bruja.

Al sacarlo, afianzó su vista carmesí para tener mejor visión ante la luz tenue de la habitación. Notó que estaba bastante ensangrentado, no precisamente de la suya.

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