¡Oh no! Me acosté con el papá de mi novio. 😳
Mi mano estaba atrapada entre su palma y el calor abrasador de su piel. Podía sentir la sangre saltando en sus venas. Estaba gruesa, dura y muy pesada. En ese momento sentí las rodillas como si fueran de gelatina. Intenté retirarme, pero él simplemente apretó su agarre, obligándome a acariciarlo.
—Yo... tengo que volver, Sr. Miller —susurré, con la voz hecha un desastre de súplica.
—¿Volver a qué? —rugió él. Me dio la vuelta en sus brazos pero no me soltó la mano; la mantuvo justo ahí, sobre