Y cada nervio de mi cuerpo quería que cumpliera esa amenaza.
El tatuaje tardó otros cuarenta minutos en terminarse. Cada segundo se sintió como una tortura. Mi cuerpo estaba en llamas, mis bragas por completo empapadas, y Marcus no dejaba de emitir esos sonidos bajos y ásperos cada vez que la aguja tocaba una zona sensible.
Para cuando limpié los últimos rastros de tinta y dejé la máquina, las manos me temblaban de mala manera.
—Listo —susurré.
Marcus se sentó despacio, girándose para