—¿Así es como lo hizo? ¿Te hizo rogar por ello de esta manera?
—¡Sí! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Silas! Me voy a... ¡ohhh! —La tensión estalló. Mi cuerpo dio una sacudida contra la fría pared, mis músculos internos apretaron sus dedos en un ritmo violento y pulsante. Solté un grito, con la voz quebrándoseme en el silencio del pasillo. Me corrí tan fuerte que se me nubló la vista, y el placer me invadió en olas que parecían no tener fin.
Silas esperó a que mis espasmos disminuyeran, con los dedos todavía