El sol ni siquiera había empezado a asomarse por el horizonte cuando comenzaron los golpes secos en mi puerta. Mis ojos se abrieron de golpe, con el cuerpo doliéndome en lugares que ni siquiera sabía que existían hasta la noche anterior. Me sentía pesada, lenta y todavía un poco pegajosa por la "orientación" de Jax.
La señora Halloway ya estaba en mi habitación. No esperó a que me levantara. Simplemente lanzó una fina bata de seda a los pies de mi cama.
—Es hora del desayuno, Lila. El desayu