Jennifer Stone
No me doy cuanta cuando llega Adriana, mis ojos están nublados por las lagrimas, pero siento su abrazo—No sabes lo que hizo.— Silábelo
—¿Por Dios quien te golpeo?— Pregunta ella tomando mi cara entre sus manos, se separa solo un poco.
—Mi mama.— Gimoteo precisamente comienza a llover.
—Vamos a casa.— Me dice ella ayudándome a levantar del banco…Subo al auto y me coloco en posición fetal, estoy tan decepcionada de mi familia, creí que por lo menos esta vez mi madre me daría la