El corte no trajo silencio, no trajo vacío, no trajo esa calma prometida que uno imagina cuando algo termina, porque lo que siguió no fue la ausencia de la red, sino una resonancia deformada de lo que había sido, un eco que no encontraba dónde extinguirse y que, en lugar de disiparse, se instaló dentro de mí con una persistencia inquietante, como si algo hubiera quedado atrapado en el umbral justo en el instante en que lo cerré, como si el acto de romper el vínculo no hubiera sido suficiente pa