No fue una decisión limpia, ni heroica, ni siquiera completamente consciente, fue más bien una rendición estratégica, un instante donde entendí que resistir ya no era sostener el control sino acelerar la ruptura, y que abrir no significaba entregarme por completo, sino elegir cómo iba a ocurrir lo inevitable, y en ese punto exacto, donde el miedo dejó de ser útil y la negación se volvió inútil, dejé de empujar en contra.
Y el cambio fue inmediato.
No hubo explosión ni colapso violento, hubo alg