No hubo impacto físico que anunciara la llegada de lo que estaba cruzando hacia nosotros, no hubo explosión ni quiebre visible en las paredes, pero el espacio cedió de todos modos, como si algo lo atravesara desde un lugar que no respondía a las reglas que todavía intentábamos sostener, y en ese instante exacto, cuando esa presión se hizo insoportable, cuando el aire dejó de ser aire y se convirtió en una resistencia que costaba atravesar con cada respiración, supe que lo que estaba entrando no