Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl café de la mañana sabía a ceniza en la boca de Eva.
Observaba a Sebastián desde el umbral de la cocina, estudiando cada gesto mientras él preparaba el desayuno con la familiaridad de alguien que había convertido ese espacio ajeno en territorio propio. Los movimientos eran precisos, casi coreografiados: alcanzar la cafetera, servir dos tazas, añadir la cantidad exacta de azúcar que ella prefería. Detalles que antes le parecían consideración ahora se revelaban como algo más calculado,







