Mundo ficciónIniciar sesiónLa verdadera medida de humanidad no es a quién salvas. Es a quién salvas incluso cuando los odias.
El agua del Pacífico se había convertido en un caldero de ceniza y escombros. Eva flotaba con el cuerpo inerte de Victoria en sus brazos, luchando contra las olas que amenazaban con separarlas. La niña pesaba más de lo que esperaba, o quizás era la adrenalina abandonando su sistema, dejándola vulnerable al agotamiento.
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