Sibel nunca supo de Iván en el resto del día. Tampoco se le permitió ir a otras partes de la casa que no fuera su habitación, o la parte trasera. Aunque a ella no le importó quedarse frente a este lago para acomodar sus pensamientos.
—Señorita… —ella se giró, estaba al final de la tarde cuando una mujer joven que ya había visto por la casa con ropa de trabajo, apareció a su lado.
—Esta noche… está invitada a la cena… me han pedido que se lo anuncie —Sibel arrugó el ceño.
—¿Aquí en la casa?
—