Sibel no tenía qué preguntar cómo su documentación ahora estaba en sus manos, incluso trajeron algunas maletas de sus cosas personales, y se alegró de ver algo de ropa conocida, con la que ella se sentía más cómoda.
Al menos, aunque fueran cosas, la hacían sentir que no estaba olvidada en este mundo.
No hubo un policía en la casa de Iván por el hombre que asesinó ayer por la mañana, y ella tampoco sabía en lo absoluto de su padre, o del resto de la familia.
Su corazón seguía palpitando con fuer