CAPÍTULO 99. Fuera del camino de las balas
Después de darse un largo baño juntos, Marianne se puso un camisón blanco y avergonzó a Gabriel acostándolo desnudo frente a ella para empezar a pintarlo lentamente, con detalle, mientras él permanecía inmóvil y concentrado en no reírse, pero fue imposible no hacerlo cuando Marianne sustituyó el lienzo y empezó a pintarlo a él.
—¡Oye... oye...! —protestó al sentir las pinceladas sobre su piel.
—¿No te gusta? —preguntó Marianne intentando no reírse.
—¡Estás pintándome!
—¿Y qué? tú me has pintado