El color se le fue del rostro a la bella Mariana, no podía creer que estuviera sentada justo al lado de ella, no pudo evitar recordar sus varoniles manos acariciando su cuerpo, como ella gemía con su toque, se sentía avergonzada y a la vez muy sorprendida de verlo en la cena familiar
— Mariana, ¿te pasa algo? parece que has visto un fantasma, estás pálida — Danilo se preocupó
— No, yo... estoy bien
Fabio se había quedado mudo, la hermosa mujer que no había logrado sacar de su cabeza ni de noche