El embarazo de Mariana siguió y con el la tortura para el CEO. Mancini, ella ya no se podía mover a placer, era él quien le ayudaba a ponerse los zapatos, a vestirse o ducharse, el bebé lo seguía despertando de madrugada por antojos, el hombre estaba que pedía esquina
— Carajo, creo que preferiría que me creciera el vientre y ser yo el consentido en este embarazo, me tienes como un esclavo, ese bebé no deja de despertarse por las madrugadas, parece hijo de un vampiro — el CEO dejaba salir su ca