Los días transcurrieron con calma, mi suegra venia todos los días a verme, se quedaba hasta la hora de la cena y después se iba, ella me decía que una mujer en embarazo no puede estar sola y que Samuel había hecho mal al dejarme aquí, pero yo la tranquilizaba al decirle que estaba bien y que todo saldría perfecto con mi embarazo.
— no deberías ir a ese orfanato, es peligroso — me regaño mi suegra esa mañana.
— me gusta estar allí, y no hago nada pesado, Amelia y la señora Adelaida se encargan