121. Doctor
—Eliott, si me dejas colocarte este abrigo enterizo ya podremos ir al médico.
Su respuesta fue una pequeña risa infantil seguida de un puchero. Movía los pies sin control mientras agarraba uno de mis dedos para llevarlo a sus labios.
—No, cariño, ya te di de comer. No seas tan glotón.
Su única respuesta fueron sus ceños fruncidos.
Habían pasado unos días y ya se acercaba el siguiente chequeo de Eliott. Me habían coordinado las citas por lo menos para los siguientes seis meses. Estaba tranquila…