Al oír esto, Javier abrió los ojos de par en par, el poco color que le quedaba en el rostro desapareció por completo.
-Mamá, ¿qué dices? ¿De verdad son las cenizas del señor Cruz? No es posible, si él sigue con vida. Sofía-dijo, mirándola con un atisbo de súplica en la mirada-, esa noche recibiste su llamada, estaba bien, ¿verdad?
Esta, normalmente tan habladora, optó por guardar silencio. El rostro del joven se volvió cada vez más pálido. Se giró hacia mí, y su voz se quebró.
-Sandra, no