Sin necesidad de volverme, supe que era Javier Cano.
Me quedé quieta, sin moverme.
Fernando Sanz notó mi anomalía y se interpuso instintivamente.
-¿Sandra, quién es él? -la voz de Javier temblaba ligeramente.
Este extendió la mano para agarrarme de la muñeca, pero Fernando lo sujetó con fuerza, inmovilizándolo.
-¡Sandra! -su voz subió de tono- Sé que aún me guardas rencor, pero de verdad ya sé dónde está mi error. Después de aquel día, corté toda relación con Sofía. Quise buscarte de i