Después de la conversación con Jenna, el corazón de Emma volvió a latir; luego del dolor sufrido por el abandono de su esposo ella se había sentido como objeto desechable y para tratar de sanar sus heridas viajó a Juneau, ese lugar idílico donde soñaba ir de niña y conocer el sol de medianoche; allí compró una casita para vivir con su hijo Christian, todo iba tranquilo, pensaba sanar sus heridas poco a poco; hasta el día en que encontró a su mejor amiga parada en el umbral de su puerta.
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