Ante el asombro de toda su familia, que dejó a un lado lo que estaba haciendo, Fabrizio corría como un niño detrás de Gabriella. Ella hacía su mejor esfuerzo para evadir los ataques y responder cuando tenía la mejor oportunidad de acertar un tiro. Las risas y los gritos de emoción envolvían el jardín, creando un ambiente de alegría contagiosa.
Como en toda guerra, cuando se acaban las municiones, solo queda un camino: rendirse al enemigo. Gabriella, jadeando y riendo, finalmente levantó las man