En su habitación, Gabriella trataba de encontrar la mejor manera de ir al cumpleaños de los hijos de Zia. La cama estaba llena de prendas y zapatos, un claro reflejo de su indecisión.
—¿Para dónde dijiste que ibas? —preguntó Aimara, entrando en la habitación y viendo el reguero de ropa.
—Ya te dije que para el cumpleaños de los hijos de Zia, ¿por qué? —respondió Gabriella, con un tono de exasperación.
Aimara levantó una ceja y sonrió con picardía. —Y por eso has sacado medio armario y te has ca