Por la noche, Fabrizio intentó en repetidas ocasiones llamar a Gabriella para decirle que lo sentía, que había exagerado las cosas y se había dejado llevar, pero no lo hizo. En la soledad de su apartamento, terminaba la segunda copa de vino cuando el timbre de la puerta sonó. Su corazón dio un vuelco al ver en la pantalla el rostro de Nicola.
Nicola entró con paso firme y se dejó caer en el sillón junto a la ventana.
—Dame de lo que estás tomando —dijo Nicola, extendiendo la mano con una sonris