El sonido del celular distrajo a Gabriella por un instante. Un número desconocido llamaba. Dudó en contestar, pero pensó que podía ser algún nuevo cliente.
—Aló —dijo Gabriella, con cautela.
—Gabriella, necesitamos hablar. ¿Estás en casa? —Esa voz paralizó su corazón. ¿Fabrizio?
—Sí, pero...
—Estoy afuera. Abre la puerta. —La petición sonó como una orden para ser cumplida de inmediato.
¡Oh por Dios! ¿Por qué está aquí? ¿Cómo diablos consiguió mi número? Este pibe está loco y yo más por dejarlo