Mientras batía unas claras para un postre, la mente de Gabriella volaba lejos de allí. No podía entender a Fabrizio y su extraña actitud. Desde su último encuentro hace una semana, no había sabido de él; era como si la tierra se lo hubiera tragado.
“¿Pero por qué tenía que preocuparse por este pibe? Que haga lo que quiera, no me importa,” pensaba, buscando compostura.
El negocio de Gabriella cada vez tomaba más renombre y las solicitudes para ser chef en eventos privados de la alta élite floren