Miré la comida sobre la mesa. Había sándwiches, huevos fritos, panqueques y pan. Esto no fue simplemente un poco de más, fue demasiado.
Le pregunté: —¿Ya comiste?
Él, sin mirarme, respondió: —Sí, ya comí.
Me quedé en silencio por un momento y, sin decir nada más, fui a buscar unas bolsas para guardar la comida. Puse un sándwich y dos panes, pero aún quedaba mucha comida. No pude evitar comentarle:
—La verdad, no es necesario que prepares tanto para el desayuno. No solo es un desperdicio, sino t