—¿Qué es lo que pasa? Ya estamos aquí, todos nos están mirando. Si te vas ahora, sería un poco vergonzoso.
Alan me sonrió. Y ni siquiera tuve que girarme para sentir esa mirada intensa que se posaba sobre mí. Me di la vuelta y, efectivamente, vi a Mateo sentado en el centro, mirándome con enojo. Le reclamé a Alan:
—¿No dijiste que no venías con Mateo?
Alan se rio:
—Es cierto que no vine con él, pero él llegó antes.
Hizo una pausa y luego continuó, con una sonrisa:
—¿Qué sucede, Aurora? ¿Desde cu