Sayuri, aunque todavía no me recibe con buena cara, al menos ya no me insulta en cuanto me ve como antes.
Cada vez que le llevo comida, la mira con cierto desprecio, pero al final siempre termina comiendo un poco.
Camila, al principio, todavía decía algo sobre lo que yo llevaba, pero ahora ni habla.
Solo se queda parada, callada, observándome mientras platico con Sayuri.
Esa calma suya se vuelve cada vez más inquietante.
Sayuri se tomó más de la mitad de la sopa, luego hizo el tazón a un lado y