Llegué a la empresa de Mateo.
Ya había pasado una hora desde que terminó el horario de trabajo, así que no había mucha gente en la oficina. Fui directo al piso de la oficina del presidente.
Al principio pensé que, si la secretaria estaba ahí, le pediría que le diera la comida. Pero, para mi sorpresa, no había nadie.
¿Será que Mateo ya se había ido?
Con algo de duda, llegué a la puerta de su oficina y toqué. Pensando que no habría nadie, me sorprendí cuando una voz ronca y conocida salió de adent