Mateo por fin habló. Su voz sonaba tensa, pero lo que dijo no lo entendí del todo.
Intrigada, lo miré.
—¿Qué es lo que se supone que recordé?
—Tu pasado con Javier, cuando eran jóvenes.
De una vez le respondí:
—No, para nada. Solo supe eso cuando vine aquí, que en ese entonces ya los conocía a ustedes y que vivíamos tan cerca de la casa de mi abuela.
Mateo me miraba sin parpadear. Sus ojos oscuros me pusieron algo nerviosa.
Le tomé el brazo con suavidad y bajé el tono de voz:
—Mateo, ¿qué te pas