Al verlo ir hacia la puerta, me entró el pánico.
—Mateo —grité de una vez.
Él se detuvo, se dio la vuelta y me miró. Suspiré y, frente a él, me quité el abrigo.
Este camisón semitransparente lo compré cuando salí de compras con Valerie. Ella también compró uno, color rojo brillante, y el mío era negro.
Recuerdo que la primera vez que lo usé fue cuando Mateo salió por trabajo, y no estaba en casa. Pero, esa noche, por alguna razón, él regresó de repente.
Todavía recuerdo la forma en que me miró