La voz de la madrastra de Mateo, ya de por sí estridente, se volvió insoportable, mezclada con su llanto y sus alaridos.
Javier seguía mirándolos con una sonrisa.
No pude soportarlo más, tomé su brazo y lo llevé hacia la sala de emergencias donde estaba Mateo.
La madrastra de Mateo, aún decidida, intentó seguirnos y discutir con nosotros, pero Miguel la detuvo.
Nos sentamos afuera de la sala de emergencias.
Javier bajó la cabeza, su ira desapareció un poco, pero aún se le notaba una profunda tri