Pensándolo bien, Camila sí era el tipo de mujer para este estilo.
Entre más lo pensaba, más rara me sentía.
Tiré del cuello del vestido, tratando de ahuyentarme la incomodidad en el pecho, y bajé las escaleras.
Mateo estaba en la sala, recostado en el sofá, leyendo.
En cuanto me vio bajar, me miró.
Nuestras miradas se cruzaron sin querer.
Por un momento, juraría que vi un brillo de sorpresa en su mirada.
Pero enseguida volvió a ser distante, como si yo solo hubiera imaginado ese destello.
Me mir