La inquietud que sentía al principio se fue yendo. Primero me calmé... y después solo sentí pura rabia.
Fui a la puerta y volví a golpearla, pero nadie contestó.
Apreté los labios y grité:
—¡Tengo hambre! No sé por qué me encerraron aquí, ¡pero si me pasa algo por el hambre, a ver cómo se lo explican a su jefe!
***
Nadie me respondió.
Afuera solo había silencio.
Apreté la boca, ya pensando que los guardaespaldas se habían largado.
¿Eso quería decir que ahora estaba sola en la casa?
No pude evita