—La verdad, me agarró de sorpresa —dijo Michael.
—Jamás pensé que mi hermano mayor te mandaría para acá.
—Somos empleados suyos. A quién mande le da igual —respondí, seca.
Él no estaba de acuerdo:
—No da igual. Si hay algo que le saca chispas es vernos juntos. Y ahora te manda aquí… ¿no le preocupa que nos veamos a diario?
Eso también me tenía descolocada.
Normalmente, con solo verme hablando con Michael, ese hombre se ponía como loco.
Pero ahora… prácticamente me había mandado derechito con él.