Mateo no contestó la pregunta. Solo me miró con esa cara seria, las cejas levantadas y los ojos llenos de burla.
La verdad, ni hacía falta que dijera nada. Esa mirada tan pesada ya era una respuesta para todos.
Cuando entró a la oficina del jefe, todos se empezaron a reír.
—Te lo dije, ¿cómo iba a estar el señor Bernard anoche con esa mujer?
—Qué asco, ni piensa lo que dice antes de mentir.
Camila estaba más creída que nunca.
Yo solo suspiré bajito y agaché la cabeza para seguir trabajando.
Lucy