Me asusté y corrí tras él, pero las piernas me fallaron y caí al suelo como tonta.
—Me duele mucho...
Le grité a Mateo.
Por fin se detuvo un momento. Se volteó y me miró, bien molesto y tenso.
Me acurruqué en el piso, abrazando las rodillas, frotándome la mano, mirándolo con cara de lástima:
—De verdad me duele... y tengo frío.
No estaba inventando.
Este lugar está lleno de los hombres de Waylon. No fuera a ser que Mateo no logre cortarle la mano a Waylon, y más bien termine él sin manos.
Sentía