—Entonces... eso... ¿significa que... te gusto?
Apreté las sábanas con fuerza. Justo cuando él ya se iba, dejé salir esa pregunta sin pensar.
Y apenas abrí la jeta, me arrepentí.
Era justo lo que él había querido que le preguntara toda la noche.
Yo lo había evitado.
Había decidido no hacerlo.
Y lo peor fue que justo ahora, en ese momento absurdo, salió de mi boca como si nada.
Al final, parece que mi corazón no es tan fuerte como yo pensaba, ¿no?
Mateo se detuvo un segundo.
No se dio la vuelta.